El gordo, el chico, el flaco… son apodos que pueden parecer simpáticos, pero que si no son bien asumidos pueden afectar negativamente en la autoestima de los niños y generar secuelas irreparables en ellos.

Muchas veces no entendemos el mal que podemos llegar a causar a nuestros propios hijos, en cuanto al trato que les damos, aqui les dejo una información muy importante respecto a los complejos infantiles.

Cuando los niños amplían su grupo social y comienzan a relacionarse con sus pares en el colegio, surgen los llamados sobrenombres. Así, a medida que avanzan en el nivel escolar aumentan los apodos y las burlas, las que generalmente se relacionan con alguna característica física destacable, como ser el más gordito, el más bajo, el colorín, tener las orejas grandes e incluso tener alguna malformación. Y es precisamente entre los 10 y 12 años cuando este fenómeno se hace más evidente, ya que en esta etapa hay una mayor preocupación por el aspecto físico entre los compañeros. Además, los niños por el desarrollo de su pensamiento en esta etapa, son capaces de valorar las reacciones que tienen los demás hacia ellos, por lo tanto, de discriminar si son buenas o malas.

Según Marie Lizzy Zippelius, psicóloga infanto-juvenil de Clínica Alemana, las burlas habitualmente se inician en primero básico, pero tienen su peak entre los nueve y los diez años, cuando se está iniciando la pubertad. “A esa edad se producen cambios físicos importantes y los niños toman conciencia de su cuerpo. Es una etapa de pensamiento más crítico y analítico, donde se dejan de lado las ideas fantasiosas y se produce una visión más realista del mundo”.

La especialista plantea que si bien los complejos pueden surgir en la niñez o preadolescencia, muchas veces se pueden extender hasta la adolescencia, lo que puede generar trastornos emocionales más serios. “Si los niños se angustian por este tipo de situaciones, es recomendable actuar a tiempo y entregar apoyo médico o psicológico, o ambos. Sólo así se podrá evitar que el problema se agrave”.

¿Por qué surgen los complejos?

Muchas veces los niños sienten que son inferiores a los demás en el aspecto físico o intelectual y creen que por ello no son capaces de estar al nivel de sus pares, lo cual según la psicóloga, les produce miedos y complejos a veces difíciles de superar. Agrega la especialista, que esta situación se puede agudizar cuando la autoestima está basada en la apariencia, padres que permanentemente se preocupan del “que dirán” o de por ejemplo, comer sólo alimentos light. Con ello, contribuyen a crear hijos con complejos, ya que el mensaje apunta a creer que lo importante es lo externo, por lo tanto en esa familia la valoración personal está basada en lo que dicen o piensan los demás. Es aquí donde los menores se hacen más vulnerables, porque se supone que el criterio de realidad deberían recibirlo en la casa, lo que en este caso no estaría ocurriendo. Por ello, se plantea que los hijos son un reflejo de sus padres, ya que si ellos sufren complejos van a criar hijos con complejos.

Los educadores y los padres también pueden contribuir a generar complejos, cuando son demasiado duros al regañar a los niños y hacer comparaciones. Las conductas que pueden afectar a los niños en este ámbito es decirles “tú no puedes” o “eres un tonto”, cuando algo no les resulta.

¿Cuándo y cómo actuar?

Marie Lizzy Zippelius sostiene que cuando los padres o educadores sientan que el niño está sufriendo por burlas o sobrenombres de sus pares, pidan lo antes posible ayuda profesional, para así afrontar precozmente el problema. “Es frecuente que un niño que sufre un complejo, sienta que es inferior y comience con cambios de conducta, como estar más irritable, retraído o depresivo. Lo ideal en estos casos es evaluar cuál sería el complejo y consultar con un especialista, entonces si el menor sufre por su gordura es recomendable recurrir a un nutricionista o pediatra y si cree necesario, complementarlo con una visita al psicólogo. Estos profesionales están capacitados para entregar una orientación más certera y analizar si el complejo está en relación a lo que se ve físicamente, o sólo se trata de un trastorno de autoestima. Siempre se debe respetar lo que siente el niño, nunca hay que bajarle el perfil al problema”.

Asimismo, es importante que los padres no hagan comparaciones entre los hermanos y destacar las virtudes de cada uno sin desmedro del resto.

Reforzar la autoestima: La mejor forma de prevenir

Marie Lizzy reafirma la importancia que tiene la detección temprana del problema, por el riesgo de que se extrapole a otras áreas. “Los niños que atraviesan por este tipo de situaciones comienzan a desconcentrarse en clases, y como habitualmente andan angustiados y pendientes de las burlas de los compañeros, no están con todas sus facultades para rendir en el área cognitiva”.

Por eso, según sostiene la psicóloga, es muy importante que se les enseñe a los niños a ser capaces de pensar por sí mismos y a poder decidir sobre algunas de las cosas que les afectan directamente, de esta forma crecerán seguros de sí mismos y serán capaces de superar todos los rechazos que vengan del exterior. “Los padres tienen que enseñarles a valorarse por lo que son y no por lo que los demás digan de ellos. No deben darles demostraciones de lástima o pena”.

La especialista plantea que reforzar la autoestima de los niños es una tarea que los padres deben asumir desde la infancia. “Lo ideal es que desde pequeños se les entreguen las herramientas adecuadas, para que a medida que vayan creciendo se puedan desenvolver correctamente frente a cada situación.

Para lograr este objetivo, es necesario reafirmar los valores, y no basar la vida en la apariencia externa. Lo recomendable es que el niño se desarrolle en un ambiente donde se le proporcione la suficiente confianza y se le inculque la importancia de su valor como individuo. Un niño seguro de sí mismo podrá enfrentar en forma positiva los complejos y burlas”.

Vía | PadresOK

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