2008
Inglés, francés, chino o alemán, los idiomas no son un problema para los niños.
Ellos tienen una facilidad natural para el bilingüismo, es decir, la capacidad de expresarse y entender dos idiomas o más casi a la perfección. Está comprobado que mientras más pequeños se familiarizan con las lenguas extranjeras les resulta más fácil aprenderlas.
En 1997, el equipo de neurólogos del hospital Memorial Sloan Kettering, de Nueva York, comprobó que el cerebro de un niño es capaz de memorizar dos lenguajes en forma simultánea en una misma región de la corteza cerebral, utilizando un único grupo de neuronas, a diferencia de los adultos, quienes al adquirir un segundo idioma lo almacenan en un área distinta.
En términos prácticos, esto significa que mientras más pequeños sean los niños, el aprendizaje de idiomas es natural y simple, ya que no hacen el proceso de traducir el pensamiento de un idioma a otro, como los adultos.
En la actualidad hay consenso acerca que los niños no resultan perjudicados al estar inmersos en dos o más ambientes donde se hable diferentes idiomas y pueden adaptarse perfectamente a ellos, sin confundirse.
Aprendizaje temprano
La neuropsiquiatra del Hospital Clínico de la Universidad de Chile Susana Camposano, explica que los pequeños poseen esta facilidad hasta aproximadamente los seis años. Del mismo modo, indica la especialista, es bueno que el niño escuche el lenguaje desde antes de los seis meses de vida, ya que sólo así aprenderá los sonidos, ritmos y entonaciones correctas. “Un recién nacido es capaz de distinguir todos los sonidos, pero cerca de los seis meses selecciona sólo aquellos que son relevantes para su lenguaje. Los japoneses, por ejemplo, no distinguen entre la L y la R, porque su idioma no hace una distinción entre esas dos consonantes”.
Cuando uno o ambos padres hablan en un idioma y en el colegio y el entorno del niño se habla otro, el pequeño puede adaptarse fácilmente y sabe cuál utilizar con cada persona. Lo mismo ocurre cuando un abuelo o alguien con quien debe comunicarse frecuentemente le habla en otra lengua.
Distinta es la situación cuando uno de los padres sabe un poco de inglés y decide enseñarle a su hijo. Probablemente le ayudará al conocimiento del idioma, pero no logrará desarrollar un bilingüismo propiamente tal, porque la pronunciación no será exacta ni la conversación fluida y constante.
El único inconveniente del bilingüismo es que a veces los niños tardan más en aprender a expresarse, lo que no es un problema propiamente tal, ya que finalmente logran hacerlo a su ritmo. A pesar de que tarden más en desarrollar la expresión oral, siempre pueden comprender, ya que la capacidad comprensiva se desarrolla más rápido que la expresiva en todos los niños y la adquisición del lenguaje es un proceso que no está concluido sino hasta después de los cuatro años.
El problema real se presenta cuando el pequeño presenta dificultades en el lenguaje, calificadas por un profesional, que puede ser el pediatra o un fonoaudiólogo. Sólo en ese caso, las especialistas recomiendan que es mejor que el niño aprenda a dominar un único idioma.
Cuando el desarrollo del lenguaje es normal, no hay inconvenientes. Hay quienes incluso sugieren que el bilingüismo ayuda a los niños a tener mayor capacidad de memoria y agilidad mental. Aunque esto último no está comprobado, un segundo idioma es siempre una regalo que puede ampliar en gran medida los horizontes del pequeño.







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